Etapa 44: Negreira – Oliveiroa

Distancia etapa: 33.4 km
Distancia acumulada: 1177.2 km

Bueno, ya estamos mas cerca del final…

Empezare hablando de la nochecita que he pasado. 45 personas en el albergue. Vaya concierto. Una sinfonía de ronquidos, ventosidades, eructos… En serio, indignante. No he pegado ojo. Deberían poner un detector de gases en la entrada y no dejar pasar bombas humanas. Sobre las 6 ya no aguantaba mas y ante el peligro inminente de que los gases entraran en combustión y explotáramos todos me Levante y me fui de allí, a buscar un bar abierto para tomar un café hasta que clareara un poco. Por suerte había un hostal cerca abierto y pude desayunar.

La jornada ha sido mas o menos como la anteriores. Nublado y con niebla, fresquito. Camino entre diferentes tipos de bosque. Aire puro.

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Muchas subidas y bajadas, y a medio camino una montaña (otra) que debía superar. Al otro lado un extenso valle junto a un gran embalse. Muy bonito. Pero se acabo el aire puro. Habre pasado cerca de unas 50 explotaciones de vaca lechera. El hedor de las aldeas era muy intenso. Tanto que por momentos me mareaba. No se como pueden vivir en estos pueblos. Supongo que ellos pensaran lo mismo de la contaminación de las ciudades.

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Al final, antes de llegar al destino del día, Oliveiroa, ha salido el sol y ha apretado el calor. El albergue esta bien, varias edificaciones adosadas, incluso con camas en un horreo. Muy chulo. Como siempre he llegado de los primeros, así que he cogido cama en la casita para minusválidos. Me ha dicho el hospitalero que si no viene ninguno puedo usarla yo sin problemas, y si viene pues duermo en la cama de arriba de la litera y ya esta. Lo bueno es que en la planta baja estoy solo y con baño y ducha, y en la de arriba hay otra litera y solo hay un hombre mayor. Que por cierto en la siesta ha empezado a soltar ventosidades de una intensidad y duración tal que ya no se si será seguro. En cualquier caso mejor que las otras casas, donde se hacinan mas de 20 personas por sala. En la foto se ve mi caseta justo a la derecha debajo del horreo.

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La gentuza que abunda por estos albergues no me gusta nada. La mayoría ronda los 40 o mas, y son todos hipis. Pero no tipo ninfa con diadema de flores y vestido vaporoso, no. Los hipesos y hipesas están muy acabados, tienden a generar muchos gases internos, tienen un alarmante sobrepeso, tatuajes maories y faldas zarrapastrosas. Fenomenal. Aunque bueno, tambien hay excepciones, gente maja que parece normal. Yo me mantengo en un discreto segundo plano. Echo de menos a Rai y a los zamoranos, y la tranquilidad de antes de Santiago. En fin. Nadie dijo que fuera fácil, y merece la pena solo por los paisajes, son maravilllosos. Y por el mero hecho de andar, claro. Y por el cocido gallego que me he zampado este mediodía. Si quieren guerra la van a tener.

Bueno, mañana termina mi periplo. Estoy algo nervioso, y como es natural en mi algo melancólico también. Los últimos kilómetros.. Los últimos pasos… El final del camino…

Mañana: el fin del mundo.

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